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AudioBook: La Quimera by condesa de Emilia Pardo Bazán
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LA QUIMERA
PRÓLOGO
Había prescindido en mis novelas de todo prefacio, advertencia, aclaración ó prólogo, entregándolas mondas y lirondas al lector, que allá las interpretase á su antojo, puesto que tanta molestia quisiera tomarse; y esta costumbre seguiría en La Quimera si, apenas iniciada su publicación por la excelente revista La Lectura, no apareciese en un diario de circulación máxima un suelto anunciando que “claramente se adivina, al través de los personajes de La Quimera, el nombre de gentes muy conocidas en la sociedad de Madrid, por lo cual el libro será objeto de gran curiosidad y de numerosos comentarios”.
Desde Pequeñeces, se me figura que al público se le ha abierto el apetito. Fué Pequeñeces (tendrán que reconocerlo los más adversos al Padre Coloma) plato tan sabroso, que trabajo le mando al cocinero que sazone otro mejor. ¿Qué especias emplear? ¿Qué salsa componer? No vale cargar la mano en la guindilla, que no por eso saldrá el carrick más en punto. Pequeñeces, á la verdad, y es justo decirlo, alborotó sin recurrir á tratar de aberraciones, perversiones y demoniuras con que hoy las letras van familiarizándose. Por ley natural de la escala de sensaciones, se piden nuevos estímulos; vibra irritada la curiosidad, y la musa ceñida de negras espinas, la de la sátira social, que levanta ampollas como puños, aguarda su hora. Á todo novelista que por exigencias del asunto tiene que situar la acción en altas esferas ó sacar á plaza tipos más ó menos semejantes á los que por ahí bullen, se le pregunta con ahinco: “--¿Nos trae usted la continuación de Pequeñeces? Eso sí que nos encantaría. Agotaríamos la edición...”
Reconozco que en la sátira social pueden hacerse maravillas. Remontémonos: ¿quién ignora que Dante, en la Divina Comedia, saca al sol los trapitos de sus contemporáneos y conciudadanos, sin omitir lo gravísimo (recuérdese su conferencia, en el Infierno, con Brunetto Latini)? Los profetas de Israel, que iban clamando contra las iniquidades de su época, sin respetar ni á las testas coronadas, ¿qué fueron, descontada su sacra misión, sino satíricos andantes? La antigüedad, más realista cien veces que nosotros, no concibió el drama con personajes inventados; y los dramaturgos griegos fundaron su teatro en sucedidos históricos y en interioridades regias. En la Odisea, y aun en la Iliada, hizo algo semejante Homero; Shakespeare (siguiendo las huellas de Sófocles y Eurípides), en sus dramas históricos dramatizó sucesos casi actuales y retrató á los reyes, reinas y magnates con relieve cruel. Creo que basta de ilustres ejemplos, y que no será desdeñar el género si declaro que no pertenece á él La Quimera, ni fustiga, palabreja tan en uso, á nadie, ni verosímilmente provocará, siquiera por ese concepto, comentario ninguno.
Si se me permite una breve digresión, antes de indicar, por mi gusto y no porque interese, qué idea desenvuelvo en La Quimera, observaré que quizás no se ha definido claramente la sátira social, y solemos confundirla con la sátira de clase y la personal. Sátira social es aquella que, en los vicios y faltas de las clases ó de los individuos, sorprende los síntomas de decadencia y descomposición de la sociedad entera y se adelanta á la Historia: tales fueron algunas de Quevedo (no todas, ciertamente); tales, las famosas de Juvenal, donde resuena el toque de agonía del Imperio romano. Sátira de clase es la que, del conjunto, ve sólo un factor, y á él endereza sus tiros. Así, Alvaro Pelagio lamentaba especialmente los pecados y desmanes de la clerecía. La sátira personal amontona, sobre pocos ó sobre uno solo, las culpas de todos; es, de fijo, la más apasionada y sañuda, y, como ejemplo, citaré el Paralelo de Villergas entre Espartero y Narváez. Para ser víctima de esta última clase de sátira, es preciso descollar.
Pequeñeces, aun cuando dejase entrever fisonomías que, no obstante las protestas del autor, parecieron conocidas, tenía alcance de sátira social; censuraba un estado general, lo podrido de Dinamarca. Los demás novelistas españoles se han limitado á la sátira de clase (aunque
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