ZanChat
ZanChat logo

Free eBook, AI Voice, AudioBook: El Estudiante de Salamanca and Other Selections by José de Espronceda

AI Voice AudioBook: El Estudiante de Salamanca and Other Selections by José de Espronceda

AudioBook: El Estudiante de Salamanca and Other Selections by José de Espronceda

0:00 / Unknown

Loading QR code...

You can listen full content of El Estudiante de Salamanca and Other Selections by José de Espronceda in our app AI Voice AudioBook on iOS and Android. You can clone any voice, and make your own AudioBooks from eBooks or Websites. Download now from the Mobile App Store.

Listen to the AudioBook: El Estudiante de Salamanca and Other Selections by José de Espronceda

El Estudiante de Salamanca

CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un bajel pirata mi.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

Allá muevan feroz guerra ciegos reyes por un palmo de tierra; que yo aquí tengo por mío cuanto abarca el mar bravío, a quien nadie impuso leyes.

Y del trueno al son violento, y del viento al rebramar, yo me duermo, mi cabeza sobre el almohada de sal.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

Navega, velero mío, sin temor, que ni enemigo navío ni tormenta, ni bonanza tu rumbo a torcer alcanza, ni a sujetar tu valor.

Veinte presas hemos hecho a despecho del inglés, y han rendido sus pendones cien naciones a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

Por mi válido el viento, por mi pala el remo, por mi cantar el mar.

A la voz de "¡barco viene!" es de ver cómo vira y se previene a trotar el velero; que es mi flotilla el acero, mi música el estrépito y.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

Sentenciado estoy a muerte. Yo me río; no me abandone la suerte, y al mismo que me condena, colgaré de alguna antena, quizá en su propio navío.

Y es que mi furia y desdén no consienten oprimirse a de un ser que, a despecho del que manda, su vida leeft y se ablanda, y sólo sabe obedecer.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

Traidor el cielo se muestra, faraute el mar. Yo los venzo, voy.

La luna renegada, que en el cenit encumbrada, la noche en su manto esconde, y de estrellas el nocturno vestido se despoja. Con su brillo me señala el rumbo.

El abismo de las aguas me llama, y de las olas la cresta las olas me invita a mi naufragio.

Mas mi valor me acompaña, y mi corazón no siente el temor.

Mi barco, que mi tesoro, mi dios, la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi patria la mar.

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar.

El Canto del Cosaco

El viento gime en las estepas, la escarcha brilla en los desiertos, y la luna pálida y enferma sobre la nieve se va ahogando.

A su paso, el cosaco, con su lanza en la mano, camina sin descanso, y su voz rompe el silencio.

"Soy el cosaco, el hijo del viento, el azote de los tiranos. Mi patria es la estepa sin fin, mi ley la furia y el fragor.

He visto imperios alzarse y caer, he visto reyes humillarse ante mí. Mi grito es el trueno que anuncia la tempestad, mi paso es la ola que arrasa la tierra.

No hay fortaleza que me detenga, no hay cadena que me sujete. Soy libre como el águila en el cielo, soy indomable como el lobo en la noche.

He derramado sangre en mil batallas, he visto morir a mis hermanos. Pero mi espíritu no se doblega, mi corazón arde con fuego inextinguible.

Que tiemblen los opresores, que se escondan los cobardes. El cosaco avanza, y su paso no conoce la derrota.

Por la libertad luchamos, por la gloria de nuestra tierra. Y si morimos en el empeño, nuestros nombres serán recordados."

El viento sigue gimiendo en las estepas, la escarcha sigue brillando en los desiertos. Y el cosaco, con su lanza en la mano, sigue su camino, indomable y fiero.

El Mendigo

En las ruinas de un alcázar, sentado sobre un montón de escombros, un mendigo, con el rostro curtido por el sol y el viento, y los ojos hundidos en cuencas de tristeza, canta su pena al mundo.

"Soy el rey de la miseria, el soberano de la desolación. Mi palacio son estas ruinas, mi tesoro, los jirones de mi ropa.

He sido hombre de guerra, he sentido el acero en mis manos, he visto la gloria en el campo de batalla. Pero la fortuna, esa diosa caprichosa, me ha dado la espalda.

Ahora, la mendicidad es mi corona, la compasión, mi único sustento. Los hombres me miran con desprecio, las mujeres apartan la vista.

Soy un fantasma del pasado, una sombra que vaga por el presente. Nadie me reconoce, nadie se apiada de mi suerte.

Pero en mi corazón aún arde la llama de la vida, y en mis ojos aún brilla un destello de esperanza.

Quizás mañana el sol brille para mí, quizás encuentre un alma caritativa que me ofrezca un mendrugo de pan.

Hasta entonces, seguiré cantando mi pena, mi canto de desolación y de esperanza. Soy el mendigo, el rey de la miseria."

Y el mendigo, con voz ronca y quebrada, continúa su canto, mientras el sol se oculta en el horizonte, y las sombras de la noche envuelven las ruinas.

SONETO

En la noche sombría y estrellada, cuando el silencio envuelve la morada, y la luna, cual perla abandonada, llora en el cielo su luz desolada;

mi corazón, cual ave enamorada, a tu recuerdo vuela en la enramada de mi alma, en la tiniebla sepultada, y busca el sol que en tu faz fue dorada.

Mas ¡ay! que el tiempo, ladrón implacable, con su hoz cruel mi dicha ha segado, y en tus ojos, cual luz del cielo, inefable,

solo veo el vacío, el llanto amargo, el sueño efímero que se ha escapado, y la sombra que me envuelve, iay, tan largo!

A Teresa

Teresa, ya descansa en paz tu alma, la que fue nido de mi amor ardiente; yace tu cuerpo, que fue mi talismán, en la calma del sueño eterno, iay, tristemente!

El sol de mi existencia, el alma mía, tu amor que fue mi vida y mi ventura, ya se ha extinguido en la sombra sombría de la tumba, iay, mi amada, mi dulzura!

Y yo, fantasma errante en la ribera de este mar de dolor, mi pecho oprime la pena, y mi alma se consume en cisco sin luz, sin fe, sin norte, iay, mi quimera!

Que tu memoria, cual fragancia pura, en mi recuerdo vive, y mi alma gime por ti, iay, mi amor, mi vida, mi amorisco!

You can download, read online, find more details of this full eBook El Estudiante de Salamanca and Other Selections by José de Espronceda from

And convert it to the AudioBook with any voice you like in our AI Voice AudioBook app.

Loading QR code...