Libro Electrónico Gratuito, Voz IA, Audiolibro: Lecturas fáciles con ejercicios por Lawrence A. Wilkins

Audiolibro: Lecturas fáciles con ejercicios por Lawrence A. Wilkins
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LECTURAS FÁCILES
CON EJERCICIOS
POR
LAWRENCE A. WILKINS
DIRECTOR DE MODERN LANGUAGES IN THE NEW YORK CITY HIGH SCHOOLS CORRESPONDING MEMBER OF THE HISPANIC SOCIETY OF AMERICA
AND
MAX A. LURIA
HEAD OF THE DEPARTMENT OF SPANISH, DEWITT CLINTON HIGH SCHOOL, NEW YORK CITY LECTURER IN SPANISH, EXTENSION TEACHING, HUNTER COLLEGE NEW YORK CITY
ÍNDICE
SECCIÓN DE CUENTOS EUROPEOS
El viejo y el asno
La piedra en el camino
La mona. Poesía
El juez y el escarabajo
Un cuento de un perro
El príncipe y la araña
La perla y el diamante. Poesía
El muchacho y el lobo
El león y el conejo. Poesía
El camello perdido
El árabe hambriento. Poesía
El oso
Abuelo y nieto
La chimenea. Poesía
El juez moro
Pensamientos. Poesía
El persa verídico
El flautista de Hamelin
La riña. Poesía
El muchacho héroe
No son toros todo lo que se dibuja
El leñador honrado
De "La vida es sueño" de Calderón. Poesía
El último juguete
Versos. Poesía
El buen rey
Arabesco. Poesía
Niños precoces
La lección. Poesía
El viejo y el asno
Un viejo y su hijo iban por el campo con un asno que habían comprado en el mercado.
El hijo montaba en el asno y el viejo iba a pie.
Pasó un hombre y dijo al hijo:
—¡Qué hijo tan malo eres! ¡Tú montado en el asno y tu padre caminando!
El hijo bajó del asno y el padre montó en él.
Caminaron un poco y pasó una mujer. La mujer dijo al padre:
—¡Qué padre tan malo eres! ¡Tú montado en el asno y tu hijo caminando!
El padre bajó del asno y el hijo montó en él.
Caminaron un poco y pasó otro hombre. El hombre dijo al hijo:
—¡Qué hijo tan malo eres! ¡Tú montado en el asno y tu padre caminando!
El hijo bajó del asno y el padre montó en él.
Caminaron un poco y pasó otra mujer. La mujer dijo al padre:
—¡Qué padre tan malo eres! ¡Tú montado en el asno y tu hijo caminando!
El padre y el hijo se miraron. Estaban muy cansados.
El padre dijo al hijo:
—Mira, hijo mío, la gente siempre dice algo malo. No podemos contentar a todos.
El hijo dijo:
—Tienes razón, padre. Hagamos lo que nosotros queremos.
El padre y el hijo tomaron al asno por las riendas y comenzaron a caminar. Los dos iban a pie y el asno iba entre ellos.
Pasó un hombre y dijo:
—¡Qué tontos sois! ¿Por qué no montáis en el asno?
El viejo y el hijo se miraron de nuevo. No sabían qué hacer.
Caminaron un poco más y vieron un puente. El viejo y el hijo decidieron llevar al asno sobre sus hombros.
El padre cargó con el asno sobre su espalda y el hijo ayudó al padre.
Pasaron el puente.
Un hombre que estaba cerca del puente vio al viejo y al hijo con el asno sobre sus hombros y dijo:
—¡Qué hombres tan tontos! ¿Por qué no montan en el asno?
El viejo y el hijo se miraron. Estaban muy cansados y muy tristes.
El padre dijo:
—Hijo mío, hemos intentado hacer lo que la gente decía, y ahora estamos cansados y el asno está molesto.
El hijo dijo:
—Tienes razón, padre. La gente siempre tiene algo que decir, y no podemos contentar a todos.
Al llegar al pueblo, el viejo y el hijo vendieron el asno.
La piedra en el camino
Un viajero iba por un camino y vio una piedra grande en medio del camino.
El viajero pensó: “Esta piedra es muy grande. Es mejor que la quite del camino para que otros viajeros no tropiecen.”
El viajero era un hombre fuerte y trató de mover la piedra. Tiró y empujó con todas sus fuerzas, pero la piedra no se movió.
El viajero sudaba y estaba muy cansado, pero no se dio por vencido. Siguió intentándolo con todas sus fuerzas.
Un campesino que pasaba por allí se detuvo y miró al viajero.
—¿Qué haces? —preguntó el campesino.
—Intento mover esta piedra para despejar el camino —respondió el viajero.
—¡Es inútil! —dijo el campesino—. Esa piedra ha estado aquí por muchos años. Nadie la ha podido mover.
El viajero no le hizo caso al campesino y siguió esforzándose.
Después de un largo rato, el viajero logró mover la piedra un poco. Luego, con otro gran esfuerzo, la rodó hasta el borde del camino.
El viajero estaba muy satisfecho de su trabajo.
El campesino, que había estado observando, se acercó al lugar donde estaba la piedra.
—¡Es increíble! —exclamó el campesino—. ¡Realmente la has movido!
Al acercarse, el campesino vio algo brillante bajo la piedra. Era una pequeña caja de metal.
El campesino la tomó y la abrió. Dentro había muchas monedas de oro.
El campesino miró al viajero con asombro.
—¡Amigo! —dijo—. Esta caja es tuya. ¡Tú eres el dueño de este tesoro! Yo solo te dije que era imposible mover la piedra.
El viajero sonrió.
—No me importa el oro, buen hombre —dijo—. Mi recompensa es haber limpiado el camino para otros viajeros. El tesoro es para ti, como recompensa por tu honestidad al decirme dónde estaba. You can download, read online, find more details of this full eBook Lecturas fáciles con ejercicios by Lawrence A. Wilkins from
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