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Audiolibro: Estudios históricos del reinado de Felipe II por Cesáreo Fernández Duro
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ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL REINADO DE FELIPE II
EL DESASTRE DE LOS GELVES (1560-1561)
ANTONIO PÉREZ EN INGLATERRA Y FRANCIA (1591-1612)
POR D. CESÁREO FERNÁNDEZ DURO De la R. Academia de la Historia
MADRID IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE M. TELLO Impresor de Cámara de S. M. Don Evaristo, 8 1890
DESASTRE DE LOS GELVES (1560)
La isla de los Gelves ó Gerves de nuestras crónicas, designada por los naturales con el nombre de Jerbah y por los italianos con el de Gerbí y Zerví, se halla al SO. de la de Malta, en el golfo de Caps ó Khabes por latitud media de 33° 45' Norte, tan próxima á la costa de Trípoli y boca del río Tritón, antiguo Lotofagite, que se comunicaba con la tierra firme por un puente de madera, y aun á marea baja podía vadearse el canalizo de separación.
En extensión superficial mide la isla unos 40 kilómetros de largo por 26 de anchura; abunda en olivos y palmares, cuyos frutos mantenían á la población, repartida en aldehuelas y alquerías, supliendo con pozos la carencia de ríos y fuentes de agua potable.
Rodean á los Gelves por todos lados bajos y canalizos de difícil acceso, que obligan á las embarcaciones de algún calado á fondear á tres ó más millas de distancia.
Siempre fué este rincón nido de piratas y peligroso padrastro de Malta, Sicilia y Cerdeña. El Almirante de Aragón Roger de Lauria castigó los latrocinios de aquellos naturales desembarcando en 1284. Pensó el Rey Don Fernando el Católico reprimirlos de nuevo, y lo hiciera de su orden en 1501 el Gran Capitán, á no estorbárselo las complicaciones de la guerra de Italia. En fin, se organizó al efecto la expedición del Conde Pedro Navarro en 1510: quedó en breve sometido Trípoli, saliendo de Málaga segunda armada á las órdenes de Don García de Toledo, sobrino del Rey Católico, padre del gran Duque de Alba, para dar fin á la jornada, ocupando la isla de los Gerbes, yendo no menos de 16.000 infantes, sin contar la gente marinera de las naves; dato que sirve á la medida de la importancia de la empresa.
Verificado sin oposición el desembarco el 30 de agosto del mismo 1510, emprendieron los escuadrones la marcha hacia el interior, llevando D. García la vanguardia. El ardor del sol, el peso de las armas, la falta de agua sobre todo, fatigaron tanto á los soldados, que al llegar á la arboleda y sitio de los pozos no hubo razón ni palabra que los contuviera, precipitándose en el mayor desorden á satisfacer la exigencia de la sed con porfía y aun lucha de unos con otros.
Unos cuantos moros á caballo que salieron en la oportunidad, de la emboscada en que estaban tras las palmeras, sembraron el pánico entre aquellos hombres. Corrió la voz de que todo el ejército había sido traicionado y que los turcos habían tomado ya el puerto. Volvieron muchos á la playa, y en su fuga desordenada algunos se ahogaron en los canales, llevando consigo el bullicio y el miedo por todo el campo. Mas el Conde Pedro Navarro, cuyo valor y brío eran tan grandes como su experiencia, supo imponerse con mano severa. Desenvainó la espada y mandó fusilar allí mismo á los primeros que intentaron huir. En breve la disciplina volvió á reinar, y el ejército, al mando de D. García, pudo continuar la marcha hacia el interior, donde, tras un combate de alguna resistencia, tomó el fuerte de las Gelves, que al día siguiente se rendió con toda la guarnición.
El sultán de Trípoli, en vista de las circunstancias, se había apresurado en pedir paz, y el Conde Navarro la otorgó, no sin imponerle tributos y obligarle á rendir homenaje al Rey Católico.
Desde entonces y hasta mediados del siglo XVI, la isla de los Gelves, aunque tributaria de la Sublime Puerta, se mantuvo dependiente de Trípoli, la cual, á su vez, estaba bajo la soberanía nominal de España desde la conquista de Orán por el Cardenal Cisneros en 1509. Pero esta dependencia era nominal y más bien de buena voluntad que de fuerza, pues los piratas de la isla, con la aquiescencia del pachá de Trípoli, siempre tuvieron libertad para hostilizar las costas del Mediterráneo español.
No pasó mucho tiempo sin que los corsarios de la isla se hicieran notar con crueldad renovada. Alentados por el abandono en que se veía el puesto de la Goleta y la poca vigilancia ejercida en la bahía de Trípoli, arreciaron sus correrías, y así, desde el año 1540, se empiezan á ver en las actas de las Cortes de Aragón noticias de los daños que causaban en el mar y en tierra. El Rey D. Carlos I, por su parte, pensaba ya en la necesidad de un castigo.
En 1546 tuvo lugar la célebre empresa de Túnez; pero los acontecimientos de África son tan sucesivos como independientes entre sí. El castigo de Túnez no tuvo ninguna repercusión duradera sobre la isla de los Gelves, que continuó siendo el centro de la piratería. La ocupación española de Túnez en 1535 había sido un hecho muy importante, mas no pudo borrar la afición al saqueo que los africanos tenían, ni anular la audacia con que acometían las empresas que les prometían ventajas.
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