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Audiolibro con Voz IA: Clásicos Castellanos: Libro de Buen Amor por Juan Ruiz

Audiolibro: Clásicos Castellanos: Libro de Buen Amor por Juan Ruiz

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LIBRO DE BUEN AMOR

Oraçión qu'el arçipreste fizo á Dios

Dios, que por tu grand mercet e por tu poderío criaste el cielo é la tierra, e todo lo que es en ellos, de tal manera, que nin uno de los fechos nin de las cosas fuerças, ni los pudieste negar.

Tu eres la luz de los ojos, el consuelo del coraçon, la fuerça del cuerpo, el poder de la mano, la sazón de la boca, la vista del alma, el sosiego del pensamiento. Tu eres el omnipotente, el que siempre fue e siempre será.

Tu eres el que das saber á los sabios, e graciá á los pecadores; tu eres el que da la vida é la muerte, el bien é el mal, la pena é el gozo.

Tu eres el Rey de la Gloria, el Señor de los señores, el Príncipe de los príncipes, el que sobre todos reynas.

Tu eres el que fiziste al hombre á tu imagen é á tu semelhança, dándole seso para que te conociese é amor para que te sirviese.

Tu eres el consolador de los tristes, el refugio de los afligidos, el galardón de los justos.

Tú, Señor, que eres tan alto, te dignaste abaxar tu mirada sobre la faya criatura, para la levantar á tu gloria.

Dios, tú sabes lo que es en mí, lo que deseo, lo que pienso, lo que callo, lo que digo. Tú conoces mi coraçon melancólico, mi alma turbada, mi voluntad enojada.

Por ende, Señor, te ruego, por tu santa pasión, que me seas misericordioso, que me perdones mis pecados, que me des tu gracia para que pueda andar en tu camino.

Ayúdame, Señor, en esta mi tribulación, que el mundo me tienta, el diablo me acecha, y la carne me engaña.

Dame entendimiento, Señor, para que sepa lo que debo hacer y lo que debo dejar de hacer.

Dame firmeza, Señor, para que no caiga en la vanidad, ni en la lujuria, ni en la soberbia, ni en la codicia.

Dame fe, Señor, para que crea en ti con todo mi coraçon, y te sirva sin temor ni duda.

Dame amor, Señor, para que te ame sobre todas las cosas, y al prójimo como á mí mismo.

Y si, Señor, en tu infinita sabiduría, es tu voluntad que yo escriba este libro, como me lo has mandado en sueño, te pido que me des la gracia para hacerlo bien, con verdad y con fruto para los que lo leyeren.

Limpia mi lengua de toda falsedad, y mi mano de todo error, para que todo lo que yo diga sea en tu loor y en servicio de tu santa Iglesia.

Amén.

Intellectum tibi dabo

El Arçipreste rrogó á Dios que le diese graçia que podiese facer este libro

Después que hube visto, señor, la vanidat de muchas cosas que los omes fazen por su voluntad, e las tristezas que en esto reciben, e los males que della se alcançan, e cómo el Diablo con su arte los engaña, e cómo se pierden en el mundo por poco seso, determiné, como buen pastor, de buscar la manera para guiar mi ganado hacia el buen puerto, y apartallo del camino del mal.

Yo, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, he visto en mi vida muchas cosas buenas y malas, justas e injustas, y he conocido la condición de los omes y de las mugeres, y sus pensamientos ocultos.

Por ende, rogué á Dios, que es toda sciencia, que me diese entendimiento y gracia para componer este libro, que contiene muchas maneras de amar, algunas santas y provechosas, y otras mundanas y peligrosas.

Y le rogué con estas palabras, diciendo:

«Señor, tú que diste entendimiento al rey Salomón, y sabiduría á Daniel, y ciencia á los Apóstoles, dame a mí, siervo tuyo, entendimiento para que pueda escribir de las cosas deste mundo, no para dar mal ejemplo, sino para que los que leyeren sepan cómo guardarse del mal y cómo alcanzar el bien.

Dame ingenio para contar las historias y fabrillas que he visto y oído, de modo que sean deleitables y también moralizantes.

Que este libro sea como un espejo donde el loco se vea y se corrija, y el cuerdo aprenda y se guarde.

Que contenga la doctrina de la Iglesia y el aviso contra el pecado, mezclado con el sabor de la vida terrena, para que la gente se acerque a leerlo, y al fin hallen el camino de la virtud.

Dame gracia, Señor, para que mi intención sea pura, aunque mi lenguaje sea a veces bajo, como lo requiere la materia que describo. Pues como dice el sabio, “Para el mal pecador, conviene hablarle en su lengua.”»

Y Dios, en su infinita misericordia, me otorgó lo que pedí, y me dio el deseo y la fuerza para escribir este Libro de Buen Amor, para que sea de provecho a muchos, enseñando qué es amor verdadero y cuál es el falso que lleva a la perdición.

Gozos de Santa María

¡Virgen Santa, Madre pura, de Dios la más escogida! Por tu gracia y tu dulzura, guarda mi alma y mi vida.

Eres torre fuerte y clara, del peccador confïança; de ti me venga la vara que me saque de tardança.

Tú que pariste al Creador, del cielo y tierra Señor, sálvame de todo dolor, y dame tu bendición.

Madre de piedad sin par, luz que nunca se apagó, ruega por mí sin cesar, que mi vida se mejoró

cuando tu nombre nombré, y tu dulce faz miré en la imaginación que hice, pues en ti mi fe puse.

A ti acudo en mi tormenta, a ti clamo en mi pesar; tu misericordia sustenta al que no sabe rezar.

Gozos de Santa María

¡Oh Reina del alto cielo, de ángeles coronada! Libradme de todo duelo, y de la mala jornada.

Por los gozos que tuviste, al oír la anunciación, y cuando al niño pariste, y le diste lactación.

Cuando al niño entre tus brazos tuviste en el pesebre frío, y lo cubriste con la faz de tu pecho, con amor mío.

Cuando el niño te habló, y te dio el parabién, y cuando él resucitó a Lázaro, que ya no ven.

Cuando el cielo se abrió para tu gloriosa asunción, y el coro de ángeles cantó tu excelsa coronación.

Por estos gozos, Señora, os pido con devoción, que en la postrera hora me alcancéis la salvación.

Todo ome entre los sus cuydados se debe alegrar é de la disputaçión que los griegos é los romano en uno ovieron

Dicen los filósofos que el ome, por su naturaleza, busca el placer y rehúye el dolor. Esto es verdad, mas hay diferentes maneras de placer, y no todas son buenas ni duraderas.

El cuerdo, en medio de sus cuitas y trabajos, debe buscar un consuelo, un alivio para su espíritu. No todo el tiempo es para llorar o para trabajar sin descanso. La alegría moderada es como el agua fresca para el caminante sediento.

Mas cuidemos que el placer que buscamos no sea aquel que nos aleja de Dios y nos sumerge en el vicio.

De esto mismo trataban los sabios de la antigüedad, como cuentan las historias:

Hubo una disputa entre los griegos y los romanos acerca de cuál era la mejor manera de vivir y cuál era el fin último del hombre.

Los griegos, muchos de ellos, decían que la mayor felicidad estaba en la sabiduría y en la vida contemplativa. Que el entendimiento puro era el bien supremo.

Los romanos, más inclinados a la acción y al gobierno de la cosa pública, sostenían que la virtud más alta era el servicio a la patria, la guerra honrosa y el ejercicio del poder con justicia.

Uno de los sabios griegos, llamado Filósofo, dijo a los romanos: «Vosotros lucháis por la gloria terrena, que es vana y se acaba con el viento. Nosotros buscamos la verdad, que es eterna e inmutable.»

Y un senador romano le respondió: «Vuestra verdad es como el humo, se disipa sin dejar provecho en el mundo. Nosotros construimos imperios y leyes que perduran, y eso es bien vivir y buen gozo.»

Esta disputa duró mucho tiempo, y cada uno defendía su postura con agudeza.

Pero yo os digo, que ni la pura contemplación sin acción, ni la acción sin reflexión, son el camino completo.

El hombre necesita el cuerpo y el alma. Necesita trabajar y necesita descansar. Necesita amar y necesita pensar.

El verdadero gozo, el Buen Amor, es aquel que une la acción virtuosa con el entendimiento recto, y que siempre tiene a Dios como fin último.

Los omes é las otras animalias quieren aver compañía con las fenbras

Es ley natural que todas las cosas criadas busquen su semejante para perdurar en su especie. El pez busca el pez, el ave busca al ave, y el hombre y la mujer buscan su compañía.

Esto es mandado por Dios en el Génesis: «Creced y multiplicaos.»

Y no solo los hombres sienten este deseo, sino también los animales, cada uno según su naturaleza.

Vemos al lobo buscar a la loba, al perro a la perra, y así en toda la creación.

Pero aquí está la diferencia, y es muy grande:

El animal sigue solo el instinto ciego, sin razón que lo guíe. Su apareamiento es puro acto natural, sin elección moral.

El hombre, dotado de alma racional, tiene el deber de templar ese instinto con la razón y la virtud. El amor humano debe ser más que solo procreación; debe ser compañía, amistad y ayuda mutua en el camino de la salvación.

Cuando el hombre ama sin mesura, dejando que el deseo carnal domine su seso, se asemeja al animal irracional, y cae en el pecado.

Por esto es necesario conocer las artes del buen amar y las trampas del mal amar, para que el deseo natural no se convierta en vicio y causa de tristeza.

El Arcipreste ffué enamorado

El Arcipreste, como hombre que es, también sintió en su juventud el fuego del amor mundano, el cual, aunque es natural, puede ser peligroso si no se gobierna con prudencia.

Yo he amado y he sufrido por amor, y por eso puedo hablar de ello con conocimiento de causa, no solo por oídas, sino por experiencia propia.

He conocido la dulce miel y la amarga hiel que el Amor vicioso puede deparar.

Y por contar mis propias cuitas y los engaños que sufrí, quiero advertir a otros jóvenes que no caigan en las mismas redes de Doña Cuaresma y de Don Amor.

Pues el que no conoce el peligro, no puede evitarlo.

El león estava doliente é las otras animalias lo venían á ver

Como en el mundo hay hombres justos e injustos, así en el bosque hay bestias fuertes y débiles. Esta fablilla nos enseña sobre la disimulación y la lisonja.

Un día, el león, rey de las bestias, se enfermó y se acostó en su cueva, tan débil que apenas podía moverse.

Todas las otras animalias vinieron a visitarle, por miedo o por fingida lealtad.

Vinieron el buey, el asno, el oso, la zorra, el lobo, y cada uno le mostraba su respeto.

Y cada uno le decía: «Oh, gran señor y rey, ¿cómo os encontráis? Vuestra salud es nuestra alegría, y vuestra enfermedad, nuestro dolor.»

Pero todos venían con recelo, pues sabían que el león, aunque débil, aún podía morder.

Mientras tanto, el zorro y el lobo, que eran astutos, observaban con atención.

Al cabo de un tiempo, vino el lobo y vio que el león estaba muy débil. Dispuso un engaño cruel.

El lobo se acercó al león y le dijo con voz lastimera: «Señor, he venido a veros, y con gran pena veo vuestro estado. Pero tengo una idea para ayudaros a recuperar la fuerza. En el camino vi una oveja descarriada que apacentaba sola. Si la traéis aquí, su carne os dará vigor.»

El león, por su hambre y su debilidad, aceptó el consejo.

El lobo fue y trajo la oveja. Pero cuando la oveja estaba cerca, el lobo la atacó y se la comió él mismo, diciendo al león: «Perdóneme, señor, pero es tan grande mi dolor por vuestra dolencia, que tuve que comer algo para tener fuerza de serviros mejor.»

Y el león, demasiado débil para enojarse o luchar, lo dejó pasar.

Esta fábula nos enseña que en el tiempo de la debilidad de los poderosos, los falsos amigos y los lisonjeros aprovechan para servirse de ellos y robarles lo poco que les queda. Hay que desconfiar de quien se acerca con miel en los labios cuando el poder mengua. You can download, read online, find more details of this full eBook Clásicos Castellanos: Libro de Buen Amor by Juan Ruiz from

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